JEEP WILLYS 1947 – M38 “EL GENERAL” "HISTORIA LOCAL - OBJETOS NO PATRIMONIALES" (Por: Edgar José Javier Durán Romero).
Ese Jeep Willys 1947- M38, no era un
carro; era un cuadro de la Revolución aquí en Aragua.
Agarre mínimo, que esta historia es de cinco cuartillas de sentimiento puro…
I. De la
Trinchera a la Comuna
Ese Willys
llegó a nuestras manos con el estigma de la guerra. Había sido diseñado para
las trincheras de la Segunda Guerra Mundial, para cargar fusiles, Tropas y
generales. Pero el destino, que es más sabio que los manuales de mecánica, lo
trajo a las tierras de El Consejo y Sabaneta para vivir una nueva experiencia comunal.
Cuando
empezamos a organizarnos en Consejos Comunales, allá por los primeros
años de la década del 2005, necesitábamos
algo que no le tuviera miedo al barro ni a las subidas de los cerros más empinados
y que, sobre todo, su motor fuera fuerte y resistente como la voluntad de la
gente guerrera de este municipio…
El Jeep se despojó de su rango militar y se puso la camisa de trabajador social. Recuerdo clarito cuando subíamos a los profesionales de Fundacomunal y a los ingenieros por esas trochas para formar a los voceros. En su asiento trasero, estrecho pero firme, se sentaron las señoras del Comité de Salud y los muchachos de Educación y todas las demás vocerías y lideres comunales. El Willys no llevaba soldados; llevaba conciencia.
Era nuestra aula móvil. Mientras el motor rugía subiendo para Quebrada Seca, El café, Las Tasajeras, Los Naranjos, El Picacho, El Rosario y demás sectores de la periferia municipal, los profesores iban explicando cómo se redactaba un acta de asamblea. El "General" era el primer alfabetizador tecnológico de nuestras comunidades.
II. El
Brazo de Acero del Poder Popular
Pero no
solo de teoría vive el hombre, y el Willys lo sabía. Cuando bajaron los
recursos para las primeras obras de infraestructura, el “Jeepcito” se
transformó en una grúa, en un camión de carga y en una mula de hierro. ¿Usted
sabe lo que es jalar un poste de electricidad por un callejón donde no entra ni
un suspiro? El Willys ponía la doble tracción, hundía los cauchos en la
tierra y, con un mecate grueso, izaba la luz para el barrio.
Llevaba el cemento para las aceras y, en las tardes, lo veías cargado de matas de níspero y palmas. Se encargaba del ornato, de poner bonito el pueblo. Si había que llevar la logística “las arepas, el jugo y el sancocho” para los trabajadores voluntarios de la cayapa, ahí estaba el Jeep, con el capó caliente pero el espíritu intacto.
Fue el instrumento principal para la Cartografía Social. Recorrimos palmo a palmo los 73 consejos comunales del municipio José Rafael Revenga. En ese tablero de instrumentos, que vibraba con cada hueco, se apoyaron los mapas donde dibujamos nuestros sueños, nuestras necesidades y nuestras soluciones.
III. El
Alma de la Cultura
El Jeep también tenía oído musical. No hubo desfile escolar o
Carnaval donde el Willys no fuera la escolta de honor. Trasladaba a
nuestros cultores, a los viejos parranderos y a los grupos de danza con sus
trajes coloridos. Era el que llevaba la comida a los artistas y el papelón con
limón en las plazas, el que cargaba los corotos y servía de perifoneo y DJ para
el acto cultural. Era, sencillamente, un cultor más.
El Guardián de los Tiempos: El Willys que Recorrió la Memoria de Revenga
IV. El
Cronista y su Corcel de Hierro
Para
entender al "General", hay que hablar de quién sostenía el
volante. No era cualquier chofer; era el Cronista del Municipio, su
antiguo dueño, un hombre que no veía el Jeep como un transporte, sino
como una extensión de su propia pluma. Cuando el Jeep se puso al
servicio de los 73 Consejos Comunales, el Cronista se convirtió
en el navegante de nuestra identidad.
Cada vez
que llegábamos a una comunidad lejana, el rito era el mismo: el Willys
rugía, se estacionaba soltando un suspiro de vapor, y el Cronista se
bajaba con su libreta en mano. No iba apurado. Se sentaba en los porches, bajo
la sombra de un cotoperí o un samán, a conversar con los abuelos y abuelas, los
robles vivos de nuestras barriadas. Allí, mientras el motor del Jeep descansaba
caliente, se recogían los retazos de la historia local. Cientos de
anécdotas sobre aparecidos, sobre el origen de los nombres de las calles y
sobre las luchas campesinas se fueron hilvanando gracias a que ese Willys
sabía detenerse donde otros pasaban de largo. El Jeep no solo llevaba
gente; recolectaba el alma del pueblo para que no se la llevara el olvido.
V. Tras los Rastros de la Resistencia y la Gloria
Pero el Willys
1947 también era un explorador de lo
profundo. Su chasis militar, diseñado para el barro, fue el único capaz de
llevar a los antropólogos y arqueólogos hasta las entrañas de nuestras
montañas. El Cronista guiaba al equipo hacia los tesoros ocultos de Revenga: los petroglifos. En las laderas donde el sol pega fuerte, el Jeep
servía de base de operaciones mientras los científicos documentaban las marcas
de nuestros antepasados indígenas.
El "General" vadeó el Río Tuy una y otra vez en labores de prospección histórica. Gracias a su fuerza, pudimos llegar a los sitios exactos donde la resistencia indígena plantó cara al invasor, y a los campos donde se libró la Batalla de El Consejo durante la Guerra de Independencia. Era una escena digna de un cuadro: el Jeep verde oliva, cubierto de barro del Tuy, cargado de expertos que buscaban casquillos de bala antiguos, restos de cerámica o puntas de flecha, rescatando la evidencia de que nuestra libertad se forjó con sangre en estas mismas tierras.
VI. El
Guerrero que se hizo Pueblo
El Willys fue un brazo más en la construcción. Jalar postes de luz en los callejones más estrechos, donde los camiones modernos se acobardaban, era su especialidad. Llevaba las plantas para el ornato, las arepas para la logística de la cayapa y servía de escolta orgullosa en cada desfile escolar. Fue el transporte oficial de la Cartografía Social, permitiendo que cada consejo comunal dibujara su territorio desde la altura de sus asientos.
VII. El Emblema de una Nueva Victoria
Pero si
algo definía la identidad rebelde y humanista de nuestro Willys, era su
piel. El Cronista, con la convicción de quien sabe que la paz es la
victoria más grande de un pueblo, tomó una decisión cargada de simbolismo:
mandó a borrar las estrellas blancas de cinco puntas que el Jeep traía
pintadas de su época militar en el ejército estadounidense. En su lugar, con
trazo firme y pintura blanca, se plasmaron los símbolos de la paz en las
puertas y el capó.
Aquel Jeep ya no era un vehículo de ocupación, sino un Embajador de la Paz que recorría cada rincón del estado Aragua. Verlo pasar por la Carretera Panamericana o por las calles de La Victoria y El Consejo era ver una declaración de principios sobre ruedas. En los momentos más duros, cuando arreciaban las dificultades, el Willys pasaba con su emblema blanco reluciendo al sol, recordándonos que nuestra lucha era por la armonía, por la cultura y por el encuentro entre hermanos. Ese símbolo de la paz, salpicado a veces por el barro de las comunidades más humildes, fue la insignia que lo acreditó ante el pueblo como un guerrero que había colgado los fusiles para abrazar la esperanza.
VIII. El Embate de la Crisis
Pero
entonces llegó el 2017. La guerra económica
nos dio donde más nos duele: en los suministros. Empezamos a ver cómo los
repuestos originales desaparecían o se volvían impagables. El aceite que
necesitaba el "General" se volvió oro líquido. Tratamos de
remendarlo, de ponerle piezas de otros carros, pero el viejo guerrero sufría.
Poco a poco, el motor perdió su brillo, la caja empezó a fallar y, con el dolor
de todo el municipio, el Jeep quedó estacionado bajo un techo de lona.
IX. Del Barro de Revenga a las Luces de Caracas
Hoy, ese Jeep
que el Cronista manejaba con tanta maestría por nuestras calles de
piedra y tierra, descansa bajo las luces de una de las salas de cine más
elegantes de Caracas (Cine CITTÁ). Un coleccionista lo rescató, le quitó
el óxido de la espera y lo dejó como nuevo, de exhibición. Los que pasan por
ahí ven un objeto de lujo, una joya mecánica del siglo pasado.
Pero nosotros, los que sudamos la gota gorda en las comunas de Revenga, sabemos la verdad. Sabemos que en el fondo de ese motor todavía queda polvo del camino a Sabaneta. Sabemos que en los muelles de su suspensión todavía vibra la voz de los viejitos que le contaron sus historias al Cronista. El Willys está en la capital, sí, pero está "en comisión de servicio", esperando que un día el destino lo devuelva a su verdadera misión: ser el Jeep comunitario que, con el Cronista al mando, vuelva a subir al cerro para seguir escribiendo la historia de nuestro pueblo.
Pero ellos solo ven el metal. Nosotros, los comuneros de Revenga, sabemos que bajo esa pintura brillante están las huellas de los 73 consejos comunales y las tres comunas, el sudor de los constructores y el eco de los tambores de nuestras fiestas. Está en Caracas como un embajador, pero nosotros sabemos que su motor tiene nostalgia de cerro. Esperamos que algún día, cuando la marea baje, el "General" regrese a su municipio Revenga, para volver a ser lo que siempre fue: el Jeep del Pueblo…
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| José Javier Durán Romero Cronista Oficial del municipio José Rafael Revenga - estado Aragua - Venezuela Cronista Comunal del Centro Nacional de Estudios Histoticos de Venezuela |











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